En este nuevo siglo existe una urgencia por estar bien, una urgencia en las personas donde la enfermedad molesta, se cuestiona, se minimiza, se invalida y se espera que "el enfermo" se encuentre bien cuanto antes, no exprese dolores, cansancios ni tristezas, es penalizado moralmente el no estar fuerte, es penalizado moralmente si no tiene apetito, sino desea comer, si la comida le da nauceas, si quiere paz y no acepta insultos y manipulaciones es mirado con desprecio por no dejarse corromper por las palabras venenosas, por detenerlas con un dedo antes que entren en su cerebro.
El enfermo en este siglo es penalizado y es culpado por estar enfermo, no, no es la sociedad la enferma, ni el nucleo familiar, es el enfermo el culpable de su propia enfermedad, por permitirla, por tener un cuerpo débil que se enferma, por tener una mente que permite la enfermedad y sigue siendo crucificado cada vez que no tiene fuerzas, cada vez que esta cansado, cada vez que pide paz, el enfermo es penalizado porque ha decidido que ya no le importa nada del mundo exterior, ni el amor ni el desamor, ni las suaves espinas de su madre que la acarician con el filo de una navaja recien afilada, por que el enfermo si ha de ser un buen enfermo debe ser fuerte y aguantar estoico los dardos de veneno sin chistar, pero hasta para enfermarme soy atípica, y grito fuerte y claro, si no me vas a dar amor, no alimentes mi tristeza, la indiferencia es para quienes temen quedarse solos y yo ya he muerto tantas veces, que morir una vez más, solo me ayudará a renacer esperando cada vez menos y necesitando cada vez menos, no tengan miedo de dejar que las personas que no suman se vayan, amanse tanto que no tengan que aguantar recibir migajas de amor y de manipulación por miedo a la soledad.
La vida es tan justa que cuando no te queden fuerzas, te llevará finalmente a descansar.