La vida es incierta, naces, y lo
primero que ven tus ojos al abrirse es a tu madre sosteniéndote en sus brazos,
llegas a casa y comienzas a ver otros rostros acercándose a saludar y esas
personas comienzan a ser parte de tu vida, las ves ir y venir mientras vas
creciendo, son parte de tu hogar, otras entran y salen de tu casa, entras y
sales de sus casas, sigues creciendo y pisas el primer colegio, nuevas personas
forman parte de tu día a día, niñas y niños de tu edad corriendo por el patio
del colegio y vos viendo todo sucederse, observas desde lejos como corren y
ríen y sonríes tímidamente y sientes tu corazón latir triste y asustado
sabiendo que tu casa no es más tu casa y todo está cambiando, sigues creciendo
y los días pasan, los adultos se ven molestos, enojados, tristes y no entiendes
que hiciste o dejaste de hacer para que todo fuese tan gris, tan silencioso,
tan frío, tan ajeno a un hogar, pestañeas y mientras tomas el desayuno te pones
los audífonos que te llevan a otro lugar, un lugar donde poder soñar, vives
escuchando como te retan por esto y aquello y sientes vale, perdón por respirar
hasta que un día ya te vas e intentas mantener el equilibrio en ese juego
llamado vida.
Y sales a la vida y caminas y
ves a la gente como va y viene y van y vienen como un baile de relojes que
avanzan y retroceden y va cambiando el clima y van pasando las estaciones
y van cambiando los paisajes y los países y los continentes, y las personas
siguen entrando y saliendo entrando y saliendo de eso que llamamos vida, y las
cruzamos una vez y otra vez, a veces pocas veces, a veces, muchas veces, y van
y vienen, -algunos pasan casi silenciosos, sin revolver ni desordenar nada,
otros vienen y alborotan tu mundo, lo cambian, te dejan algo de ellos y se
llevan un pedazo de ti, a veces te lo arrancan sin pedir permiso y te queda una
herida que duele y que sangra y que arde y que demora tanto en cicatrizar que
te deja como un dolorcito crónico, otras vienen sonriendo y acarician con
dulzura ahí donde quedó la herida, tan suavemente que es como si te
reiniciaran, y se asoma nuevamente una sonrisa desde vos, y ahí vas lista para
correr nuevamente a intentar no caerte mientras vas corriendo por eso que
llamamos vida.
Y así la vida y las horas, y los
climas y las estaciones y las personas van y vienen como relojitos en un
sentido y en otro sucediéndose, personajes secundarios, personajes principales,
protagonistas de otras películas queriendo que seas el personaje secundario de
tu propia película y así la vida, y así los mundos, intentando respirar sin
asfixiarnos, intentando perdonar porque nada es nuestro, nada de todo aquello
nos pertenece, solo le pertenece a ellos, ellos dan lo que tienen y eso que dan
es todo lo que tienen y yo doy lo que tengo y a veces me guardo algo para mi y
a veces doy todo porque me devuelven todo y así nadie queda vacío cuando el
amor y el cariño se comparte es como una energía infinita de retroalimentación,
como una batería infinita que nunca se agota, cada uno da lo que tiene y es
todo lo que aprendí y es más de lo que muchos han podido comprender.
Y me llevó una vida aprenderlo,
que no era culpa mía, que cada uno da lo que es y nada más.
Ahora Andrea, la serie va
llegando a su temporada final y se siente un poco como Friends o Anatomía de
Grace, dieron tanto que ya necesitaban tener una temporada final, pero cual
será el final, eso no lo sabemos, eso es lo que nunca sabemos, ¿cómo terminan
las cosas que empiezan? Y eso jamás lo sabremos si no damos el paso de empezar.
Y una de las
cosas que más agradezco es haber empezado aquella conversación a los pies de
ese puente en el parque Cordobés, todo lo que puedo decirte es gracias por
tanto amor y por despertarme hoy con esa canción, tú también vives en mi alma
mi querida amiga.