Vivimos en un mundo en el que estamos constantemente compitiendo e intentando mostrar lo buenos que somos consiguiendo logros y creciendo en lo material, el mejor estereo, la pantalla màs grande, el último video juego, la casa más linda y nos olvidamos de que vivir es experimentar la vida compartiendo con otros, estamos tan ocupados creciendo monetariamente y a veces intelectualmente que nos olvidamos de compartir con otros la vida, los detalles sensillos, pequeños logros, fechas importantes y asumimos que somos máquinas de producción y logros y nos olvidamos que somos seres sentipensantes, que necesitamos del afecto, de los abrazos, del cariño de una sonrisa, de compartir lo que tengamos en la mesa.
Se nos pasa la vida en busca de metas y se nos olvida que hemos venido a compartir, a experimentar el amor, no somos capaces de comunicarnos, las personas se transforman en nuestros aliados o enemigos, vivimos una cosntante guerra, en la que el otro no es un otro con quien crecer, sino que es amigo o enemigo, aliado o descartado, amado o expulsado, y asì cada ser humano de esta generación vive la vida acumulando, escondiendo sus sentimientos, invisibilizándolos, extinguiendolos en post de la productividad y alejamos aquello disruptivo, lo que nos entorpece, lo que nos cuestiona, lo que no es como queremos, no intentamos aceptar a otros tal cual son, sino siempre la constante bùsqueda de cambiarlos o desecharlos, nos olvidamos de amar y reparar, es negro o blanco, no puntos medios para la aceptación de nuestras diferencias y es precisamente la diferencia lo que nos hace humanos, únicos.
No hablo de aceptar atropellos ni violencia, eso en cualquier mundo, la violencia no debe ser permitida hacia nosotros, debe existir un respeto hacia quienes somos, hablo de mirarnos, de escucharnos, de sentirnos y percibirnos como universos completos y complejos y no olvidarnos que el sentido más lindo de la vida es compartir, hemos venido a experimentar la vida a través del amor a otros, no existe evolución posible sino hay amor.