Después de vivir, de peregrinar, de seguir los sueños, de intentarlo, de caerse, de quedarse sin fuerzas, de transitar duelos y de volver a empezar me ha quedado un pendiente, encontrar ese lugar...
Y cuando digo ese lugar, hablo del todo, de la reciprocidad, de ese lugar seguro donde se ama infinito, dónde no existe el miedo y se da sin reparos, ese lugar seguro al que finalmente podés llamar tu hogar, el que se construye de amor y sonrisas matutinas, ese amor que no es histérico ni neurótico, que simplemente da y recibe y así la vida y el ciclo de dar y recibir, de sonreír y de estar, aquel lugar al que llamar hogar y que incluye un alma a fin para compartir el mundo.