El perder a las personas que quieres, no es solo ser conciente de que no podrás compartir un momento de alegría nuevamente con ellos, una conversación, un café; es reflexionar sobre su vida, sus deseos, sus tristezas, su tránsito por la vida, como vivió sus experiencias traumáticas, sus desiluciones, que decisiones tomó y como afectaron esas decisiones a su vida.
Ese recorrido por la comprensión de sus vidas me genera un intenso dolor, un dolor que casi no puedo digerir, es como un nudo en la garganta que me ahoga y no me deja respirar, ver su vida, esa vida que no conocí a través de las fotos me ayuda a entender el dolor de lo que yo sí conocí.
En este juego de ajedrés muchas personas se vieron afectadas por el avance de un caballo, que moviéndose en L fue comiendo piezas a su paso, tanta destrucción para ni siquiera lograr el jaque-mate.
Como dije, todo alrededor se convierte en un dolor angustiante, un dolor, sobre la vida y su sentido, un dolor sobre las metas, un dolor sobre el egoísmo y sus consecuencias, un dolor sobre los lazos y como se fueron soltando, la vida al fin y al cabo un dolor que, o dejas atrás o te consume.
¿Cómo transitar un duelo en un mundo impregnado por esta sociedad liquida de la inmediatez?
Un mundo que te exige no estar triste, te exige endurecerte, un mundo que no abraza, ni consuela, un mundo que no sabe secar las lágrimas, un mundo que te obliga a continuar como si nada, cómo si las perdidas de quienes amamos no fueran perdidas, sino meros acontencimientos de la vida cotidiana.
En este mundo moderno no hay mayor razón para detenerse un momento a reflexionar sobre la existencia de los otros, sobre como exitimos nosotros y sobre como nos relacionamos con aquellos con quienes exitismos.
En fin, nos queda por observar como en este mundo moderno el dolor es debilidad, el amor en los corazones ha sido suprimido, ya no se sabe dar consuelo a los corazones aflijidos, solo palabras de positivismo new age que cuestionan y denigran a quienes transitan el dolor por la perdida de un ser amado.