Era lógico que no se quedaría por siempre viviendo en esa casa, -¿Qué sentido tendría?
-Absolutamente ninguno, necesitaba irse, irse lejos, comenzar de cero, despertar lejos, muy lejos, donde el amor doliera menos. -Era lógico, después de todo esa casa la había comprado junto a su primera esposa, esa casa era un hogar para vivir con la mujer que amaba, la que un día un papel dijo que era su esposa, una casa para habitarla en familia con ella, viendo crecer a sus hijos.
Pero ahora nada lo ataba a esa casa, no tenía sentido despertar cada día viendo el mismo techo, un techo caído como los planes y los sueños, sueños que un día siendo joven soñó, y que años mas tarde un error de programación en el glosario de su esposa, la alejó.
Así, después de varios años de desencanto, un día agarró su maleta, la llenó de ropa y de sueños, vendió los autos para abultar la billetera, casi ni se despidió, amarró a su cuerpo ese corazón medio roto, miro al cielo como rogando volver a vivir y simplemente partió.
Es cierto que en la soledad de su pensamiento, en lo más secreto del pensamiento el soñaba con su regreso, pero ese sueño ya era como un sueño roto, un anhelo perdido, casi un deseo añosamente arraigado, que por costumbre se había quedado. - Realmente nunca pensó que vería el día en que ella regresaría. - Claramente él no estaba para verlo en persona, pero ella había regresado, con una maleta, con su hermana al costado y el discurso de un mantra que por años había recitado.
Que absurda que era la vida, quien diría que se necesitaría una pandemia para que el día que tanto soñó se materializara un día.
Definitivamente era absurdo, no dependía de él ni su regreso, ni dependió de él su partida, todo se limitaba a un error de programación, un error netamente binario donde tenía que ir un cero habían programado un uno. Un error que parece inofensivo, pero que finalmente un día sabrán fue el error de código más repetido y que más hogares destruyó. Un error inocente que solo otro error de código como un malware podría corregir.
-Absolutamente ninguno, necesitaba irse, irse lejos, comenzar de cero, despertar lejos, muy lejos, donde el amor doliera menos. -Era lógico, después de todo esa casa la había comprado junto a su primera esposa, esa casa era un hogar para vivir con la mujer que amaba, la que un día un papel dijo que era su esposa, una casa para habitarla en familia con ella, viendo crecer a sus hijos.
Pero ahora nada lo ataba a esa casa, no tenía sentido despertar cada día viendo el mismo techo, un techo caído como los planes y los sueños, sueños que un día siendo joven soñó, y que años mas tarde un error de programación en el glosario de su esposa, la alejó.
Así, después de varios años de desencanto, un día agarró su maleta, la llenó de ropa y de sueños, vendió los autos para abultar la billetera, casi ni se despidió, amarró a su cuerpo ese corazón medio roto, miro al cielo como rogando volver a vivir y simplemente partió.
Es cierto que en la soledad de su pensamiento, en lo más secreto del pensamiento el soñaba con su regreso, pero ese sueño ya era como un sueño roto, un anhelo perdido, casi un deseo añosamente arraigado, que por costumbre se había quedado. - Realmente nunca pensó que vería el día en que ella regresaría. - Claramente él no estaba para verlo en persona, pero ella había regresado, con una maleta, con su hermana al costado y el discurso de un mantra que por años había recitado.
Que absurda que era la vida, quien diría que se necesitaría una pandemia para que el día que tanto soñó se materializara un día.
Definitivamente era absurdo, no dependía de él ni su regreso, ni dependió de él su partida, todo se limitaba a un error de programación, un error netamente binario donde tenía que ir un cero habían programado un uno. Un error que parece inofensivo, pero que finalmente un día sabrán fue el error de código más repetido y que más hogares destruyó. Un error inocente que solo otro error de código como un malware podría corregir.
Emily Weels- Juice