- Hemos crecido en una sociedad castigada por dictaduras; dictaduras que por la fuerza impusieron no solo modelos económicos en países latinoamericanos, sino, formas de vida y de relación social y social aspiracional que afectaron profundamente nuestra comprensión del sentido de la vida.
"Nos impusieron un modelo en que te vendieron un discurso de meritocracia, en el que si te esforzabas llegarías lejos y alcanzarías la dichosa felicidad, y por supuesto ascenderías en la escala social".
La carnada: ascender mediante el trabajo duro en la escala social, claramente una carnada falsa, de esas que hacen picar pero que son puro plástico, -¿por qué el ser humano aspira ascender en la escala social?, ¿es por mejorar la calidad de vida en seguridad (alimento, techo, comida, educación), o es para ascender en la escala social de prestigio y éxito?, -como un alimento al ego, identificándote no con un valor, sino con una posesión y posición?
El hecho de ver a nuestros padres trabajar duro solo para pagar el techo, la comida y una educación digna, endeudándolos hasta la soga, generó de alguna manera una generación de personas que veían ese actuar adulto como un sin sentido, que terminaron entrando en el sistema, pero que ahora trabajaban por estatus y ya no para compartir calidad de vida. -Comienza el individualismo-
En una generación donde todo es desechable, desde la botella de plástico hasta los cubiertos que usamos para comer, las personas se vuelven desechables una vez no cumplen o satisfacen la ambición que el humano individualista anhela para su vida exitosa en la versión, expectativa- realidad; una generación que no respeta al otro como un igual, sino que le usa para satisfacciones personales, o cumplimiento de deseos de variada índole: sea económico, social, laboral, sexual, etc.
Una generación donde el concepto de amistad se reduce a la cantidad de seguidores en una red social, a la cantidad de likes y donde los amigos poco piensan en el bienestar del otro, donde muy probablemente el 98% de los amigos antes de pensar en el bienestar del otro piensa primero en la supresión del sentimiento de soledad, entonces ve a otros individuos como un medio para mermar esa sensación de vacío. También está el caso amistad social, donde la amistad es un medio para participar de eventos sociales, y mantenerse insertos en un mundo donde la vida social es un plus importante para el estatus y para mantener el vacío al margen del pensamiento.
Somos una generación que creció con jornada escolar extendida y padres que trabajan jornada laboral completa gracias a la flexibilización laboral,- un día simplemente dejaron de llegar a almorzar a sus casas, comenzaron a llegar de noche y cansados, sin ganas de nada y con deudas que se burlaban de esta nueva jornada laboral que les prometía disminución de la cesantía gracias a la tercerización-, la misma tercerización que haría bajar el valor de la mano de obra. Hijos de padres cansados, sin tiempo y sin paciencia.
Jóvenes cansados, observando un modelo de vida absurdo, donde la vida familiar solo se veía en las películas y se escuchaba en las historias de los abuelos, con casas cada vez más pequeñas, con menos espacio, con menos privacidad y más irritabilidad.
Una generación que vio a sus padres discutir y separarse cansados, enojados y frustrados; una generación que ya no busca el amor, sino tan solo la satisfacción y el estatus social que da a un estado civil la misma importancia que la compra de un auto o la renovación del mismo por un modelo más nuevo, -una lista de metas semejante a la lista del supermercado.-
Una generación donde quizá tan solo el 2% no se condice con esta forma de ver y vivir la vida, un 2% de seres humanos que carecen de egoísmo y buscan ayudar solo por ayudar. Un 2% de seres humanos que suelen ser dañados, burlados y cagados por ese 98% que solo mira al cielo tocándose el ombligo y pensando que son soles, en el que el mundo gira a su alrededor para satisfacer sus narcisismos.
Un 2% de seres humanos que son capaces de perdonar ante cualquier circunstancia incapaces de cargar odio o venganza.
Un 2% que no nació para este mundo, que le sangra el mundo por las venas, y que mira y observa, sin comprender ni el sentido de la vida, ni la razón de tanta maldad.
Una generación que poco logro aprender y entender del amor, que sabe mucho de sexo y satisfacción inmediata como los videos juegos, una generación que no sabe conversar, que no se cuestiona ideales, no comprende el concepto de metas en común, una generación que comparte y ve al otro como una posesión, quizá un adorno, como el auto o las vacaciones, una generación vacía, incapaz de amar a otro sin buscar la autosatisfacción y la utilidad del otro, vivimos tiempos en que no se busca amar, ayudar y cuidar a otro, sino que se busca quien ame, quien cuide y quien ayude. Una vida paradójica donde cambiamos el dar por el recibir.
Una vida absurda, moldeada por un modelo voraz, un modelo canibal, donde de una u otra forma unos se comen a otros devorando a su paso cualquier obstáculo hacia la meta final (individual).
Un modelo que en sus inicios se conoció como el modelo capitalista, pero que luego fue mutando hasta ser lo que hoy se conoce como el modelo neoliberal, un modelo que impone formas de vida de consumo, que retrocede en derechos laborales y que destruye cualquier forma de amor ya sea familia o amor al prójimo, un modelo en el que pisas o eres pisado.
Welcome to the jungle.