Lo cotidiano, aquello que el tiempo vuelve monótono, versus el asombro que se va perdiendo entre el tiempo, los años y la cotidianidad.
A pesar de que lo cotidiano suele volverse monótono y la monotonía suele apagar una parte del ser humano, suele haber algo a veces que logra captar nuestra atención y nos asombra, algo natural, sencillo espontáneo como la flor de un árbol, quizá sea nueva, quizá nunca la vimos, quizá la pasamos por alto, pero ahí está causando curiosidad y asombro, un asombro agradable que libera pequeñas dosis de placer visual.
Existe un porcentaje de la población humana con tendencia a la alegría, posee en su motor altas dosis de felicidad, paz y serenidad, no los conozco por cierto, he oído hablar de esa gente pero personalmente no las conozco, la he visto en películas, vídeos, la he leído en libros y novelas, pero personalmente no les conozco.
Existe otro alto porcentaje de la población que carece de buen humor, con tendencia al enojo y la apatía, en diversos grados, son personas más polvorines, con tendencia a la explosión fácil frente a un estímulo gatillador del enojo.
Hay gente que toma pastillas para que eso no le ocurra, gente que hace meditación, gente que hace deporte y gente que se droga o toma bajas dosis de alcohol para no estallar de neuroticismo y/o enojo, personas con tendencia a la ira momentánea y explosiva, un "iracundo momentáneo", sería algo así como iracundo precoz... (en vez de eyacular precozmente explota en irá en lapsus de microsegundos) -una vez descargada esa ira todo vuelve a cero (también momentáneamente)
Quizás la rutina, lo cotidiano, lo monótono y las decepciones ante las expectativas que se tengan de la vida y del entorno te van volviendo un neurótico iracundo, donde toda expectativa truncada con la realidad idealizada actúa como un detonante a la ira... digo ira pero así como digo ira podría ser también tristeza, en algunes puede desatar una rabia casi novelesca y en otres un llanto compulsivo, - como salido del alma sin motivo aparente para semejante reacción.
Y -¿qué tiene que ver esto con el asombro?,
Nada, o quizá todo, quizá a medida que vamos perdiendo la capacidad de asombro vamos volviéndonos un poco más hostiles, quizá con cada expectativa tergiversada de la realidad nos vamos volviendo un poco más huraños, más gruñones un poco menos dóciles y definitivamente menos tolerantes. ¿Qué mejor ejemplo que el famoso Grinch de Navidad?, vamos perdiendo poco a poco la capacidad de amor al otre cómo es, nos volvemos intolerantes y gruñones, hasta quizás molestos con la vida, quizás con el sistema, con los seres que falsean, nos volvemos intolerantes a cientos de cosas, algunes intolerantes a las injusticias, al egoísmo social, o a su equivalente, el individualismo, -intolerantes a un mundo que usa y desecha, -reímos claro que reímos, disfrutamos, claro que disfrutamos, pero ahí, en un punto de nuestra existencia vive y sobrevive una espina gruñona, que nos dice esto no me lo banco y eso incluye una forma de vida en que observamos una sociedad habitada por personas que se han mimetizado con el sistema, un sistema que carece de humanidad, de equidad y de empatía social.
- Dejamos de asombrarnos cuando nos topamos con lo cotidiano, dejamos de asombrarnos ante el uso y el abuso, dejamos de asombrarnos ante la mentira, dejamos de asombrarnos frente a todo aquello que hoy se ha normalizado como parte de la vida, formando parte de la vida: -el egoísmo, el individualismo, la jugada estratégica que será el escalón al ascenso, al estatus o al poder, volviendo cotidiano lo que no es sano.
(Debo hacer un paréntesis importante aquí) Haciendo un recorrido por la memoria conocí a alguien así, no sabría decir si era su personalidad, el vino de la cena o las flores que se fumaba, le vi un par de veces con los pelos de punta, normalmente se relacionaba a lo académico, cuando un factor de estrés académico se apoderaba de su persona se le ponían los pelos de punta y se volvía un humane mortal como todes, daba vueltas y decía chinga tu madre casi compulsivamente, debo confesar que era inusual y por ser inusual divertido, asumo que si hubiese sido usual hubiese carecido del factor gracioso que poseía en la in-concomitancia de su expresión. y el segundo paréntesis es descubrir que recordar esos momentos alejan un estado de espina molesta latente. Del centenar de personas que podrían presentarse en la puerta hoy con una sonrisa, solo hay una a la que no le cerraría la puerta en la cara, estoy segura que cargaría consigo botines, una enorme sonrisa de "que onda wey" y muy probablemente un vino amigo para acompañar la velada.
Y hasta aquí con el asombro de lo cotidiano, asombrada con el recuerdo de un mortal en bruto.