Antonia se encontraba viviendo en Argentina en plena revolución electoral, las elecciones se aproximaban y el futuro de Argentina se decidiría en esas elecciones, las dos posibilidades eran retomar el rumbo de crecimiento, fomento de la industria nacional y el pleno empleo, o un Argentina liberal, donde la privatización de la educación, de la salud, del sistema jubilatorio era inmenente.
En términos de Psicología Psicoanalítica podríamos decir que la libido de Antonia se había volcado de lleno en la política, sus pensamientos e intereses iban desde el despertar al dormir a como lograr en una sociedad dormida, llegar a la comprensión en las personas de lo que significa en un país un gobierno neoliberal, como repercutiría en sus vidas la flexibilización laboral, la destrucción de la industria nacional, la privatización de aquello que hasta hoy es un derecho, la educación y la salud para todos.
En una de esos viajes a Córdoba Capital, ante las consultas de una querida compañera sobre su vida, debió hacer un recorrido por su antigua época estudiantil, la familia y posteriormente lo que había sido su vida amorosa, remover todas esas vivencias causó un remecimiento en los cimientos de Antonia, se había formado una especie de muralla ante las cotidianidades de la vida, el robo en su casa, la traición, la falta de códigos en las personas, todas esas cosas habían volcado su energía de lleno en construir un ambiente político con valores olvidados, con compromiso hacia los mas vulnerables, mezclando sus energías entre sus estudios y la militancia.
Pero ahora nuevamente la herida sangraba, los eclipses habían traído el pasado a su vida, ese pasado bloqueado. La herida se habría nuevamente y se preguntaba si podría amar a alguien alguna vez como había amado a Camila. Tuvo que contar su vida en Argentina, la llegada a esa pequeña ciudad, y nombrar a Camila era inevitable, había formado parte de su vida más de la mitad de su estadía en Argentina, el viaje a Uruguay, la vida en Córdoba, la llegada a Villa Dulce, los asados, las series, la admiración hacia la construcción popular, etc.
Mientras hablaba se dio cuenta que la herida se abría, que solo había puesto un muro entre su pasado y su presente, notó que la herida aun supuraba, recordó cuando la miraba a los ojos y cuanto la había amado, el nacimiento de los mofletitos, los días en la feria artesanal, los viajes, los emprendimientos, tanta vida, tantas cosas, recordó también las discusiones y como de alguna forma le daban ternura esas discusiones, siempre tuvo claro que todas las parejas discutían y Antonia y Camila no serían la excepción, pero en cada discusión Antonia cedía terreno, buscaba el consenso. Sintió esas mariposas en la panza que sentía cuando miraba a Camila a los ojos, recordó cuanto la admiraba intelectualmente y en su militancia, cuando dormían abrazadas y pensó que no podría sentir eso por nadie más. Hasta la fecha no había conocido a nadie a quien admirar y amar de esa forma, nadie que generara todo ese sin fin de emociones.
La herida supuraba de vuelta, debía poner puntos en esa herida profunda para que sanara, debía dejar sanar bien aquello para poder continuar.
En términos de Psicología Psicoanalítica podríamos decir que la libido de Antonia se había volcado de lleno en la política, sus pensamientos e intereses iban desde el despertar al dormir a como lograr en una sociedad dormida, llegar a la comprensión en las personas de lo que significa en un país un gobierno neoliberal, como repercutiría en sus vidas la flexibilización laboral, la destrucción de la industria nacional, la privatización de aquello que hasta hoy es un derecho, la educación y la salud para todos.
En una de esos viajes a Córdoba Capital, ante las consultas de una querida compañera sobre su vida, debió hacer un recorrido por su antigua época estudiantil, la familia y posteriormente lo que había sido su vida amorosa, remover todas esas vivencias causó un remecimiento en los cimientos de Antonia, se había formado una especie de muralla ante las cotidianidades de la vida, el robo en su casa, la traición, la falta de códigos en las personas, todas esas cosas habían volcado su energía de lleno en construir un ambiente político con valores olvidados, con compromiso hacia los mas vulnerables, mezclando sus energías entre sus estudios y la militancia.
Pero ahora nuevamente la herida sangraba, los eclipses habían traído el pasado a su vida, ese pasado bloqueado. La herida se habría nuevamente y se preguntaba si podría amar a alguien alguna vez como había amado a Camila. Tuvo que contar su vida en Argentina, la llegada a esa pequeña ciudad, y nombrar a Camila era inevitable, había formado parte de su vida más de la mitad de su estadía en Argentina, el viaje a Uruguay, la vida en Córdoba, la llegada a Villa Dulce, los asados, las series, la admiración hacia la construcción popular, etc.
Mientras hablaba se dio cuenta que la herida se abría, que solo había puesto un muro entre su pasado y su presente, notó que la herida aun supuraba, recordó cuando la miraba a los ojos y cuanto la había amado, el nacimiento de los mofletitos, los días en la feria artesanal, los viajes, los emprendimientos, tanta vida, tantas cosas, recordó también las discusiones y como de alguna forma le daban ternura esas discusiones, siempre tuvo claro que todas las parejas discutían y Antonia y Camila no serían la excepción, pero en cada discusión Antonia cedía terreno, buscaba el consenso. Sintió esas mariposas en la panza que sentía cuando miraba a Camila a los ojos, recordó cuanto la admiraba intelectualmente y en su militancia, cuando dormían abrazadas y pensó que no podría sentir eso por nadie más. Hasta la fecha no había conocido a nadie a quien admirar y amar de esa forma, nadie que generara todo ese sin fin de emociones.
La herida supuraba de vuelta, debía poner puntos en esa herida profunda para que sanara, debía dejar sanar bien aquello para poder continuar.