10 Am, Antonia no tenía ganas de salir a hacer todo aquello que debía hacer, tomaba un mate tibio con miel, su último mate en aquel lugar, cada sorbo era una tregua, un convencimiento de que esta vez regresaría a esa hermosa ciudad donde nadie la esperaba.. sería un largo viaje con su amada alma, un largo viaje de regreso a casa, un largo viaje donde regresaría a la paz de su casa.
De cierta forma sentía culpa de no haber pintado el techo en casa de su tía, no haber instalado esa repisa en el closet.
Los días pasaron volando, le faltaron manos para terminar todo lo que debía hacer.
Una inmensa tristeza le oprimía el pecho de saber que no volvería a ver a su tía en mucho tiempo, y que no podría acompañarla en los momentos que se avecinaban...
Comenzaba el regreso a aquel lugar en el que fue inmensamente feliz, regresaba también al lugar en el que lloró hasta secar las lágrimas.
El amor era un juego, un juego de poderes en el que las personas protegían sus sentimientos en el silencio. Una parte de ella murió en aquel lugar y una nueva Antonia regresaba a ese lugar que dejó.
Aún no sabía que quería de la vida, pero pronto lo descubriría, o quizás si, quizás si lo sabía, pero comenzaba a creer que ese deseo no era más que la utopía que nos vendía la vida.
Mejor sería centrarse en lo humano, material y banal y dejar su mayor deseo en el baúl de los nunca jamás.
El mate comenzaba a enfríarse, debía apurar el paso, el banco cerraría, las horas se sucedían.. y en una horas partiría.. a aquel lugar de paso.
De cierta forma sentía culpa de no haber pintado el techo en casa de su tía, no haber instalado esa repisa en el closet.
Los días pasaron volando, le faltaron manos para terminar todo lo que debía hacer.
Una inmensa tristeza le oprimía el pecho de saber que no volvería a ver a su tía en mucho tiempo, y que no podría acompañarla en los momentos que se avecinaban...
Comenzaba el regreso a aquel lugar en el que fue inmensamente feliz, regresaba también al lugar en el que lloró hasta secar las lágrimas.
El amor era un juego, un juego de poderes en el que las personas protegían sus sentimientos en el silencio. Una parte de ella murió en aquel lugar y una nueva Antonia regresaba a ese lugar que dejó.
Aún no sabía que quería de la vida, pero pronto lo descubriría, o quizás si, quizás si lo sabía, pero comenzaba a creer que ese deseo no era más que la utopía que nos vendía la vida.
Mejor sería centrarse en lo humano, material y banal y dejar su mayor deseo en el baúl de los nunca jamás.
El mate comenzaba a enfríarse, debía apurar el paso, el banco cerraría, las horas se sucedían.. y en una horas partiría.. a aquel lugar de paso.