Hoy quiero un abrazo en mi cama, una sopa calentita, una caricia en la frente y un silencio para el alma.
Llegó el otoño, y junto a él llego la gripe, un intenso escalofríos abrazaba el cuerpo de Antonia, la fiebre comenzaba a aumentar y los huesos de los hombros dolían como si fueran dos nueces recién trituradas. Era la gripe, sin duda era una gripe que intentaba alojarse en su cuerpo ese día de otoño.
Deseó con todas sus fuerzas una sopa caliente que llegara hasta su cama, un alma amiga, un alma compañera que pudiese brindarle el afecto de llegar con una sopa, y acompañarle un rato hasta q lograra dormirse en medio de la fiebre y el frío...
Deseaba con tanto anhelo una sopa, y alguien que en silencio absoluto pudiese acompañarla un rato, sin palabras, solo estar y cuidarla por un momento.
Nada mas que eso le pedia a la vida...
No era tanto lo que pedia, pero en medio de esa soledad era casi un imposible, solo un milagro podria concederle ese deseo tan básico de mínimos cuidados.
Llegó el otoño, y junto a él llego la gripe, un intenso escalofríos abrazaba el cuerpo de Antonia, la fiebre comenzaba a aumentar y los huesos de los hombros dolían como si fueran dos nueces recién trituradas. Era la gripe, sin duda era una gripe que intentaba alojarse en su cuerpo ese día de otoño.
Deseó con todas sus fuerzas una sopa caliente que llegara hasta su cama, un alma amiga, un alma compañera que pudiese brindarle el afecto de llegar con una sopa, y acompañarle un rato hasta q lograra dormirse en medio de la fiebre y el frío...
Deseaba con tanto anhelo una sopa, y alguien que en silencio absoluto pudiese acompañarla un rato, sin palabras, solo estar y cuidarla por un momento.
Nada mas que eso le pedia a la vida...
No era tanto lo que pedia, pero en medio de esa soledad era casi un imposible, solo un milagro podria concederle ese deseo tan básico de mínimos cuidados.