Viernes por la mañana, -"El último viernes del mes" escribió la Madre de Antonia en un mensaje de wapp saludando al grupo familiar...
8:16 am, Antonia despertó con algo de sed, salió suavemente de la cama y fue a buscar soda a la heladera, aprovechó de organizar la cocina, comer algo, lavarse los dientes y ponerse crema antes de volver a la cama.
-Tengo frío murmuró, y abrazó a Amelie, con sus pies fríos la acosó y Amelie la envolvió dulcemente en un abrazo de brazos y piernas, le dio un beso en la punta de los labios y siguió durmiendo.
Antonia ya tenía los ojos abiertos y pensaba en aquel beso que Amelie le dio la noche antes de viajar, esa noche se besaron larga y sutilmente, como se besan los adolescentes que no se tocan, que solo se abrazan y se besan infinitamente recorriendo por su cuerpo sensaciones fugases que desprenden aquel tipo de besos eternos.
Miraba de reojo a Amelie deseando que ya despertara para comenzar el día con uno de esos besos, esos besos suaves, sutiles, ligeros y cargados de ternura y a ratos pasión latente...
Estaba nostálgica, melancólica, necesitaba encarecidamente comenzar el día con uno de esos besos largos y serenos, necesitaba con toda certeza a fuerza de terapia curativa comenzar el día besando largamente los labios de la dulce Amelie, o más bien dejándose besar por la dulzura de esos labios... dejándose llevar por uno de esos besos que te hacen olvidar desde la hora hasta tu nombre... y por supuesto también su nombre.
- ¿Sabes que creo?- dijo Amelie, es por la forma de mis labios, es porque son más prominentes y eso hace que se sientan tan bien mis besos.. - Antonia sonrío mientras Amelie se sentaba en sus piernas interrumpiendo la lectura... la miró con dulzura y picardía y le dijo a Amelie: -Ah sí?, así que el secreto de tus dulces besos que todo lo curan está en la forma de tus labios? - Sí asintió Amelie sonriendo, a lo que Antonia acercando su rostro le retrucó: - a ver, déjame verlos más de cerca, y sonriendo ambas se besaron por un buen rato, solo con la finalidad académica de corroborar la teoría de Amelie, ambas sonrieron y se abrazaron tiernamente.
Así transcurrían los días.. entre estudios, trabajos, conversaciones que duraban a veces hasta la madrugada, besos furtivos, besos tiernos, ausencia de besos, exceso de lecturas, miradas cómplices, miradas tiernas, miradas picaras, y ausencia de miradas, hasta que de vuelta en un punto se reencontraban entre el juego chistoso y el juego erótico, entre cansancios y calenturas, entre preguntas y repuestas y sobre todo se encontraban entre conversaciones sinceras, como jamás nadie conoció la sinceridad en este planeta llamado Tierra, y eran cómplices, eran compañeras, eran amigas y a ratos entre risas y juegos también eran amantes. Por primera vez la sinceridad al más puro estilo Asperger había habitado la casa y la vida de Antonia, se sentía bien, poder hablar de todo con naturalidad, con la naturalidad de quien entiende que el otro es otro y que está bien poder charlar sin esperar la adivinanza del otro.
8:16 am, Antonia despertó con algo de sed, salió suavemente de la cama y fue a buscar soda a la heladera, aprovechó de organizar la cocina, comer algo, lavarse los dientes y ponerse crema antes de volver a la cama.
-Tengo frío murmuró, y abrazó a Amelie, con sus pies fríos la acosó y Amelie la envolvió dulcemente en un abrazo de brazos y piernas, le dio un beso en la punta de los labios y siguió durmiendo.
Antonia ya tenía los ojos abiertos y pensaba en aquel beso que Amelie le dio la noche antes de viajar, esa noche se besaron larga y sutilmente, como se besan los adolescentes que no se tocan, que solo se abrazan y se besan infinitamente recorriendo por su cuerpo sensaciones fugases que desprenden aquel tipo de besos eternos.
Miraba de reojo a Amelie deseando que ya despertara para comenzar el día con uno de esos besos, esos besos suaves, sutiles, ligeros y cargados de ternura y a ratos pasión latente...
Estaba nostálgica, melancólica, necesitaba encarecidamente comenzar el día con uno de esos besos largos y serenos, necesitaba con toda certeza a fuerza de terapia curativa comenzar el día besando largamente los labios de la dulce Amelie, o más bien dejándose besar por la dulzura de esos labios... dejándose llevar por uno de esos besos que te hacen olvidar desde la hora hasta tu nombre... y por supuesto también su nombre.
- ¿Sabes que creo?- dijo Amelie, es por la forma de mis labios, es porque son más prominentes y eso hace que se sientan tan bien mis besos.. - Antonia sonrío mientras Amelie se sentaba en sus piernas interrumpiendo la lectura... la miró con dulzura y picardía y le dijo a Amelie: -Ah sí?, así que el secreto de tus dulces besos que todo lo curan está en la forma de tus labios? - Sí asintió Amelie sonriendo, a lo que Antonia acercando su rostro le retrucó: - a ver, déjame verlos más de cerca, y sonriendo ambas se besaron por un buen rato, solo con la finalidad académica de corroborar la teoría de Amelie, ambas sonrieron y se abrazaron tiernamente.
Así transcurrían los días.. entre estudios, trabajos, conversaciones que duraban a veces hasta la madrugada, besos furtivos, besos tiernos, ausencia de besos, exceso de lecturas, miradas cómplices, miradas tiernas, miradas picaras, y ausencia de miradas, hasta que de vuelta en un punto se reencontraban entre el juego chistoso y el juego erótico, entre cansancios y calenturas, entre preguntas y repuestas y sobre todo se encontraban entre conversaciones sinceras, como jamás nadie conoció la sinceridad en este planeta llamado Tierra, y eran cómplices, eran compañeras, eran amigas y a ratos entre risas y juegos también eran amantes. Por primera vez la sinceridad al más puro estilo Asperger había habitado la casa y la vida de Antonia, se sentía bien, poder hablar de todo con naturalidad, con la naturalidad de quien entiende que el otro es otro y que está bien poder charlar sin esperar la adivinanza del otro.