Era jueves, salieron a ver una obra, tomaron cerveza artesanal y luego industrial, conversaron hasta tarde de sus vidas, sus historias, Antonia que pensaba que ya había superado el amor, se dio cuenta esa noche que no lo había hecho, así que en un impulso que intentó frenar escribió un mensaje y luego se durmió.
La mañana del viernes Antonia despertó con los mensajes de su hermana Camila, tomó el teléfono y se fue al baño,- había agarrado la costumbre de aprovechar ese tiempo muerto leyendo y respondiendo mensajes.
De pronto ahí estaba, un extenso wapp que le dejaba en claro que la persona que tanto amó, no tenía nada bueno que pensar o decir para ella. Comprendió la situación, sus palabras calaron hondo en la comprensión de un montón de situaciones pasadas y presentes.
Volvió a la cama, abrazó a Amanda que aún dormía profundamente, le dio un beso en su espalda casi imperceptible y en silencio le dio las gracias por estar ahí sin pedirle nada. Antonia había agarrado la costumbre de agradecerle en silencio cada mañana por estar, por quererla, por cuidarla. Hacía mucho tiempo que Antonia había perdido las fuerzas para volver a despertar sola en un nuevo lugar.
Así cada mañana pensaba en que haría cuando debiese volver a enfrentarse a la realidad. ¿Cómo, de dónde, sacaría las fuerzas necesarias para afrontar la realidad cuando Amanda volviese a su país?
Necesitaba urgentemente conseguir una cartera de clientes más grande para juntar el dinero y poder mudarse a su antigua ciudad nuevamente, no podía seguir en aquella pequeña ciudad que le recordaba sus errores, necesitaba regresar a donde tuviese una red de apoyo, no estaba lista para tanta soledad nuevamente, no estaba lista para ponerse de pie por si misma.
Las palabras que Claudia mandó a Antonia, le sirvieron a Antonia para comprender que no importa lo que hagas, siempre debes agradecer a quien te da su comprensión y su tiempo. Amanda también tenía sus heridas, había estado comprometida a punto de casarse, cuando se vio de frente a la realidad, Amanda contaba con una red de apoyo en su ciudad, así que sus amigas y colegas se encargaron de cuidarla, asegurarse que comiera y estuviera estable en aquellos meses de duelo.
Cuando Antonia viajó a su ciudad, Amanda que era una muy buena amiga de Antonia, le ofreció prestarle sus colores que no estaban muy brillantes pero en algo podían mejorar el ánimo de Anto.
Fue así como Amanda comenzó a cuidar de Antonia y fue así como Amanda pudo comenzar a superar el dolor que cargaba. Hoy Amanda luego de la merienda miró a los ojos a Antonia y le dio las gracias, Hoy era Antonia quien cuidó de Amanda, por que aquella persona que Amanda tanto amó, se casó hoy con una pareja que conoció hace un mes, y Amanda se preguntaba, como se puede tomar en la vida todo tan a la ligera? a lo que Antonia respondió, ella hizo lo que quería, tienes que aceptarlo y soltar.
Amanda la miró con ojos de niña triste, a lo que Antonia respondió: tu me has conocido primero como amiga, y has sabido todo sobre mi, has sabido cuanto he amado y cuanto me ha dolido, aún así sabiendo que mi corazón estaba viviendo su duelo, me cuidaste y dijiste que me merecía lo mejor en la vida, una buena persona que esté en las buenas y en las malas, y hoy te digo lo mismo, mereces a alguien que no te cambie como quien se cambia zapatos. Quizás no sea yo, pero hoy cuenta conmigo, sabes perfectamente como siente mi corazón, y poco a poco sanará. Mientras eso pasa yo solo puedo darte las gracias por darme tantos cuidados sin pedirme nada a cambio.
Amanda le preguntó a Antonia, ¿crees que la dejarás de amar algún día? a lo que Antonia respondió, no se cuando pasará, solo sé que el tiempo todo se lleva, o por lo menos eso siempre decía la gente.