Siempre me impresionó la capacidad de perder el apego a la vida de aquellas desdichadas almas desgarradas por las frialdades de la vida.
No era la primera vez que estaba frente a un alma relegada de su amor propio..
lo había vivenciado desde la primera infancia, ver a los seres humanos desgarrarse de dolor por la perdida del objeto amado. Perder por completo el apego no solo a la vida, sino a la belleza, al cuidado propio, a regalarse algo bello para adornar los minutos o las horas que suelen ser bastante ingratas cuando no son compartidas por intereses similares.
La vida es una constante decisión de fortaleza, a no relegarse a la prostitución diaria, pero no la carnal, no aquella prostitución criticada desde tiempos del evangelio... es una constante lucha de fortaleza a no caer a la protistución de dejar morir tus sueños por unas horas de trabajo esclavo y tercerizado que termina llevándose las horas y nuestros sueños, una lucha de fortaleza para no caer en la prostitución de regalar tu tiempo a espacios de esparcimiento ajenos a tus intereses, fiestas vacías que solo buscan llenar ese agujero gigante que año a año perfora miles de almas.
Todos somos prostitutos en algún momento, desde mis amigos que trabajan en altos puestos gerenciales y renuncian a horas de familia, de sueños de juventud, a equilibrio por un puesto x que da seguirdad y sustento, hasta aquellos que dejan morir sus horas en fiestas vacías que taladran desde sus cabezas a sus conciencias con la mente ausente deseando estar en otro lugar pero miedosos de permanecer con su propia soledad.
Nos protituímos cuando aceptamos migajas de los tiempos de otros, todo el tiempo termina siendo una vulgar prostitución de nuestro tiempo que cada vez se aleja más del ideal de vida que alguna vez existió.
No era la primera vez que estaba frente a un alma relegada de su amor propio..
lo había vivenciado desde la primera infancia, ver a los seres humanos desgarrarse de dolor por la perdida del objeto amado. Perder por completo el apego no solo a la vida, sino a la belleza, al cuidado propio, a regalarse algo bello para adornar los minutos o las horas que suelen ser bastante ingratas cuando no son compartidas por intereses similares.
La vida es una constante decisión de fortaleza, a no relegarse a la prostitución diaria, pero no la carnal, no aquella prostitución criticada desde tiempos del evangelio... es una constante lucha de fortaleza a no caer a la protistución de dejar morir tus sueños por unas horas de trabajo esclavo y tercerizado que termina llevándose las horas y nuestros sueños, una lucha de fortaleza para no caer en la prostitución de regalar tu tiempo a espacios de esparcimiento ajenos a tus intereses, fiestas vacías que solo buscan llenar ese agujero gigante que año a año perfora miles de almas.
Todos somos prostitutos en algún momento, desde mis amigos que trabajan en altos puestos gerenciales y renuncian a horas de familia, de sueños de juventud, a equilibrio por un puesto x que da seguirdad y sustento, hasta aquellos que dejan morir sus horas en fiestas vacías que taladran desde sus cabezas a sus conciencias con la mente ausente deseando estar en otro lugar pero miedosos de permanecer con su propia soledad.
Nos protituímos cuando aceptamos migajas de los tiempos de otros, todo el tiempo termina siendo una vulgar prostitución de nuestro tiempo que cada vez se aleja más del ideal de vida que alguna vez existió.