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Soplo de vida

Una vida termina su camino cuando el último soplo de vida se va exhalando y deja nuestro ser. Descartes creía que los espíritus animales que habitan la máquina se encuentran alojados en la glándula Pineal, éstos, viajaban a través de la sangre imponiéndonos voluntades, estos espíritus animales vendrían a ser lo que hoy llamamos alma... cuando el alma nos deja la máquina deja de funcionar, y así se acaba nuestro camino. Yo pensaba que la alcanzaría a ver, aunque algo dentro de mí me decía que debía irme pronto, nadie me comentó lo mal que estaba, ni que debían hospitalizarla ni que el médico la había desahuciado, por alguna razón prefirieron no decirme, nadie pensó en lo que para mi significaba su vida, en verla de nuevo, darle un beso y abrazarla, era una persona tan sencilla que cuando le dabas un beso te daba las gracias. Le hacías cariño y te daba las gracias, una persona única en su carácter ni el alzheimer la hizo cambiar, podía no saber quien eras, pero jamás pensó que la persona que estaba parada al lado tendría intensión de dañarla, para los que no saben normalmente el alzheimer es violento, la gente se asusta de quien tiene al lado y fabula que le quieren robar o algo por el estilo, como ella siempre fue tan sencilla y a la vez siempre tuvo tan poco, no temía de ser robada, pensaba bien de quien tenía a su lado, y te agradecía cada mínimo detalle. Disfrutaba ver la dirección del viento en los árboles y decía hoy hay viento sur, prestaba atención al canto de los pájaros y sospecho que era una de sus mayores alegrías, junto con el cuidado de su huerta... Cuando ya no podía levantarse yo solía preguntarle jugando si había ido a regar las plantas o a dar una vuelta a la plaza y me contaba que había regado las plantas, aveces movido la tierra, que se había sentado en la plaza a ver los niños jugar y había escuchado el canto de los pajaritos, también me decía que había saludado a don Pepe, un vecino de la cuadra. Todas esas cosas ella había hecho en un día, en realidad no se había levantado, pero era feliz de creer que las había hecho. Nadie sabe aún como funciona nuestra mente, nuestro conéctoma como está formado, sabemos muy poco de las emociones, o de la felicidad, ella en cambio sabiendo tan poco de estudios formales, sabía tanto... Sabía el valor de las personas, el respeto por los unos y los otros, sabía que el dinero era para comprar bienes pero no valores, sabía la importancia de un cariño, de compartir lo que se tiene con el otro, la importancia de producir tu propio alimento y compartirlo con los tuyos, sabía para que servía cada yerba, curar resfríos sin antibióticos de la farmacia, sabía que teníamos una boca y dos orejas para escuchar más y hablar menos, era sabia, completamente sabia, amaba la tierra y respetaba la vida, saludaba a las plantas y les hablaba cada día, decía que entendían todo y se les debía tratar con amor, con amor, como si alguien en estos días comprendiera lo que es tratar a otro ser vivo con amor, en tiempos donde lo que tienes vale más que tus valores, ella le daba valor a la vida en su conjunto. Miraba las nubes y me decía la dirección del viento, y mientras me contaba que viento hacía me preparaba un mate que endulzaba con caramelo hecho por ella, cuando la visitaba me preparaba un bifecito con ensalada de tomate por las tardes, sin nada de grasa ni nervios, lo limpiaba bien, aceptaba mis gustos especiales. Le gustaba ir al mercado y comprar grandes bolsas de cebolla y choclo y tantas cosas más para hacer humitas y empanadas, a veces me pedía ayuda y yo la acompañaba, el viaje en colectivo no era lindo, pero el mercado no me disgustaba, después la acompañaba mientras cocinaba. Siempre me consoló de todo, cuando me dolían los huesos y lloraba desconsolada me sobaba con un ungüento y me aseguraba que los huesos me dolían porque estaba creciendo, no sé si ella lo creería, pero el consuelo servía... Ella me enseño a no meterme en la vida de nadie, a saludar a todos, a respetar a los otros por que no sabemos sus dificultades, ella se crío en el campo y todas las cosas que sabía se las había enseñado su abuelita Amelia, luego lo que pudo me lo enseñó a mi... Siempre me gustó preguntarle de su vida, le preguntaba del abuelo, si lo había amado y si se volvería a casar con él, la respuesta siempre era la misma, ella se había enamorado de ese joven rubio de ojos azules, no sé por que lo amaba, pero lo amaba... Con el tiempo se saltó esa etapa y volvió muchos años atrás, a la época del campo, un día cercano a su cumpleaños la peiné, le puse crema y la perfumé, le acerqué un espejo, y no se reconoció, le pregunté cuantos cumplía, se toco la cara y dijo deben ser muchos porque ya tengo arrugas y canas, se volvió a tocar el rostro y su cabello y me dijo: "Unos 50 serán", le sonreí y le dije lo joven que estaba, le di un beso y me dijo gracias, en realidad ya tenía 80 pero dudo que me creyera si se lo decía. En el mundo de hoy hay una obsesión por la juventud, por la perfección y el éxito, ella usaba crema lechuga, una jardinera para vestir en casa y su mayor alegría era hacer cosas ricas para compartir comiendo en casa, o por lo menos a mi me cocinaba, muchos querían que fuera otra persona, distinta a como era, yo con el tiempo fui entiendo que ella era lo mejor que pudo ser para la vida que vivió. Conmigo siempre fue muy buena y me enseño solo cosas importantes sobre la tierra, la vida y el respeto, no tenía ni rasgos europeos, ni joyas, ni lujos ni herencias monetarias que dejar, solo una vida de esfuerzo y amor, donde dio lo mejor de si para que nunca le faltara nada a su familia. Siempre sentí una secreta admiración por ella, sabía secarme las lagrimas con un caramelo de almendra o una guaguita de sustancia, escuchaba sus tangos a las 5 y me daba mate lavado, a veces me quedaba toda la tarde con ella, solo por estar ahí, creo que me retó muy pocas veces en la vida, yo no recuerdo ninguna, era de hablar poco y yo siempre de preguntarle mucho. Tenía curiosidad por saber que había detrás de esa mujer de potito gordo y tetitas sueltas que tanto admiré. A mi abuela Juanita con amor incondicional No sé si lloro por que ya no estás, o por que como es costumbre, todos los que hoy están en tu funeral te dieron también décadas de soledad.. te amo infinitamente, hasta e cielo y más allá

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