Ir al contenido principal

Living in your Head

Antonia siempre tuvo la facilidad de tener una gran imaginación.
Disfrutaba al máximo su cuarentena, la música siempre fue una especie de amante secreta, que bailaba junto a ella y sobre ella mientras cocinaba, mientras leía, mientras ordenaba. Podía ver los rostros de aquellos fantasmas del pasado que acompañaron mañanas, tardes y noche, disfrutar de sus bailes, de su sonrisa, de aquellos juegos de palabra e incluso de paisajes ajenos a esas 4 murallas, si hay algo que tenía Antonia era facilidad para vivir en cualquier época del tiempo o incluso en algún universo paralelo, con la facilidad única de experimentar físicamente como real cualquier recuerdo o creación. Una persona cualquiera, que se limite a la realidad 2 D de su existencia, podría plantear esto como locura, pero locura sea tal vez, limitarse a vivir una sola realidad disponiendo de tantas posibilidades brindadas por eso que llamamos cerebro y que nos da la capacidad de jugar incluso con la ficción y transformarlo en un impulso nervioso para sentirlo motrizmente.

Así que no, Antonia no extrañaba a nadie, solo extrañaba los momentos con sus fantasmas, las risas, la comida de por medio, los juegos de mirada, las pieles erizadas, los rituales, en fin, los momentos hedonistas que cada vivencia brindó. No tenía un fantasma favorite, ni regresaría con sus fantasmas si volviesen. La vida, los viajes y la cuarentena le recordaban que aún tenía muchas risas nuevas por vivir, sin las cargas del pasado, esa sensación vertiginosa de lo nuevo, las cosquillas en la panza cuando te vas aproximando al descubrimiento de unos labios nuevos, las cosquillas de la pausa y el vértigo del contacto de aquellos besos nuevos, el roce de una nueva piel.
Sí, la cuarentena le recordaba a Antonia la belleza de lo nuevo, de la primera vez de algo o de alguien, la ilusionaba todo lo que si se animaba, podría vivir una vez terminada la cuarentena, por larga que fuera, visitar un nuevo bar Irlándes en algún lugar, disfrutar una cerveza artesanal directa del shopero, su aroma, el lúpulo en sus papilas gustativas, sonreír y recibir esas sonrisa de vuelta, conversar con alguien que recién conoce, bailar, volver a bailar, pero nada de reggetones, a Antonia si hay algo que la hacía salir de su lugar de confort era un "Rok de Casbah".
Pero no, no era el bar ni la disco algo que extrañara, solo era algo que podría volver a vivir, quizá por el vértigo de sentir la música en su cuerpo y bailar mirando a los ojos a un otre, saltar y sentir la vida (y alcohol) correr por las venas.
Otro de sus recuerdos favoritos era la playa, el viento con aroma a mar, la arena blanca y fina, un agua de coco y junto a su silla playera una sonrisa cómplice compartiendo algún atardecer.
Al fin y al cabo la vida, cada experiencia cada compartir se reduce a una experiencia, "sensaciones", que sentimos estando con otros, cómo nos sentimos estando con otros, como vibramos, cuan de felices somos compartiendo el espacio, el tiempo, eso que llamamos momentos junto a un otre.
no cualquier otre, el otre para ser digne de un momento debe saber sonreír espontáneamente, debe tener un sentido del humor refinado y perverso, y por sobre todo tener la capacidad de disfrutar hasta el más sencillo de los momentos, eso y solo eso era lo que hacía o no hacía especial a sus fantasmas, sus fantasmas del pasado y a sus futures fantasmas. Quien sabe, quizá algún día algún fantasma sería lo maravillosamente especial para hacer de su espectro algo un toque más real.


Series lesbicas


When you Living in your Head and your memories:

                                Wonderful World, Beautiful People 


Entradas más populares de este blog

Darío Sztajnszrajber. Charla magistral: "El Conocimiento"

En el niño se dan estrategias de conocimiento y prácticas del sentido, el juego emancipa a las cosas de su sentido unilineal. "pobre de nosotros que estamos condenados a que una cuchara sea solo una cuchara, porque para el niño una cuchara es un micrófono, una espada, una multiplicidad de cosas" Lo que hace el saber filosófico no es resolver problemas, sino lo que los crea, crea problemas donde se supone que no los hay...  que tendría de político jugar, que tendría de revolucionario?

Sobre vidas y muertes

Hoy fui a un velorio, alguien murió ayer antes que el año terminara y comenzará el nuevo año. Cuando me acerqué a ver su rostro en el ataúd me sorprendió la paz que emitía su rostro, pero lo que más me sorprendió era el increíble parecido que esa señora tenía con mi abuelita ya fallecida. Su nariz era idéntica, su frente, sus labios, casi iguales, casi dos gotas de agua... la persona que descansaba de la vida en aquél cajón había sido la amante de mi abuelo, nos dejó una tía y dos primos. Quedé tan sorprendida por el parecido, no podía creerlo, así que me puse a pensar en mí, creo que nunca he repetido el patrón, creo que nadie se parece a nadie, sin embargo él, mi abuelo, las elegía iguales. Me pregunté el por qué, pero no encontré respuestas. Así que me quedé con el asombro del increíble parecido entra ella y mi abuela. La vida para los vivos continúa, y bueno, debemos buscar la mejor forma de continuarla con las vueltas que está nos trae.